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23-03-2009

Intervención Francisco González, presidente de BBVA: "Perspectivas de la economía mundial. Estrategias para superar la crisis del sistema financiero internacional"

Francisco González: "Estabilizar el sistema financiero es clave y urgente para la recuperación económica"

  • "El impacto de la crisis en los países de Latinoamérica es y seguirá siendo más contenido gracias a su prudencia y a sus sólidos sistemas financieros"
  • "Es necesario emplear nuevas medidas tanto a corto como a largo plazo con un factor clave: es imprescindible garantizar la igualdad de condiciones en el campo de juego"
  • "BBVA es una de las pocas entidades con la solidez financiera necesaria para seguir siendo rentable en un entorno tan difícil; en 2008 fue el segundo banco del mundo por beneficios gracias a un modelo empresarial ganador incluso en tiempos de crisis"
  • EEUU es un mercado prioritario y BBVA Compass desempeña un papel fundamental en el BBVA del futuro

(A continuación se incluye un extracto de la intervención del Presidente de BBVA, que puede incluir algunas modificaciones en su discurso)

"Dado que casi todos ustedes asistieron a las sesiones económicas que ha presentado esta mañana nuestro Servicio de Estudios, me gustaría centrar la atención en los pasos necesarios para estabilizar los mercados financieros y restablecer la confianza en el sistema financiero internacional.

Esta tarea nunca ha sido tan apremiante como lo es ahora. Todas las grandes potencias del mundo se están contrayendo y los indicadores muestran claramente que no se trata de una recesión típica. La envergadura de la tormenta económica ha superado todas las previsiones y hay muy pocos indicios de un cambio de rumbo.

El empeoramiento económico que se ha producido en muchos países es, además, sincrónico, característica que probablemente pone de relieve cómo la globalización ha aumentado la interdependencia de nuestras economías.

El exceso de riesgo y el enorme apalancamiento se produjeron principalmente en los países desarrollados. Sin embargo, la oleada de dificultades financieras y el aumento de la aversión al riesgo experimentados en todo el mundo tras la quiebra de Lehman Brothers también sacudieron a los mercados emergentes.

Ahora bien, a mi modo de ver, el impacto de la crisis en las economías de los mercados emergentes es, y seguirá siendo, más contenido, y el motivo es que estos países han sido en general más prudentes, excepto algunos países de Europa del Este.

Con las lecciones aprendidas de sus anteriores crisis financieras, las economías emergentes tienen ahora unos sistemas financieros más sólidos y no se embarcaron en actividades excesivamente arriesgadas. Sus coeficientes de apalancamiento no son demasiado elevados. Entre esos países están casi todas las economías latinoamericanas, especialmente México, y la mayoría de las asiáticas.

En los países desarrollados, será necesario actuar rápidamente para garantizar que los mercados financieros recuperen la normalidad. La situación es desoladora.

Los diferenciales corporativos son ahora más amplios que en los días en que se produjo el desplome de Lehman Brothers. Lo mismo podemos decir de las primas de riesgo crediticio de los bancos, y las pérdidas sufridas en las bolsas están perjudicando de forma dramática a las economías domésticas.

La situación financiera sigue siendo muy tensa y el panorama es aún inestable, dado que muchos segmentos del mercado y las entidades siguen siendo vulnerables. Por tanto, la posibilidad de que entidades cuya situación es saludable resulten contagiadas y de que la actividad económica continúe afectada sigue siendo alta.

La primera es una etapa puramente financiera, que se caracteriza por los problemas de liquidez y las pérdidas provocadas por los ajustes del precio de los activos. Creo que los balances de algunas entidades siguen presentando pérdidas considerables, pero esta fase está a punto de acabar.

La segunda fase ya ha empezado y durará unos años. La recesión económica afectará a la calidad del crédito y a las tasas de impago en todo el mundo.

Por último, habrá una tercera etapa, ineludible, en la que el sector financiero pasará por una reestructuración. Esta será la única manera de ajustarlo a los enormes cambios tecnológicos y sociales de las últimas décadas y de reducir el exceso de capacidad en nuestro sector. El sistema bancario del futuro será más eficaz y se servirá de la tecnología para atender a una base de clientes cada vez más exigente.

El sistema financiero originó la crisis y debería, por tanto, contribuir en buena medida a la recuperación. También debemos recordar que las turbulencias financieras están afectando a la economía general.

Es necesario emplear nuevas medidas que se centren tanto en los plazos cortos como en los largos y que tengan en cuenta un factor clave: es imprescindible garantizar la igualdad de condiciones. Empecemos por el largo plazo; puede que parezca menos apremiante, pero probablemente es el mejor escenario para comprobar las iniciativas.

Las medidas a largo plazo deben ser capaces de evitar que puedan producirse los frecuentes excesos que existían en el sistema financiero cuando estalló la crisis. Iniciativas coordinadas, como las propuestas de control y regulación para Europa planteadas por el Grupo De Larosière y las medidas sugeridas por el G-20, apuntan en la dirección adecuada.

Estas iniciativas están encaminadas principalmente a aumentar la resistencia del sistema financiero y evitar así futuras crisis.

Cualquier medida a corto plazo deberá estar orientada a superar la situación actual y conducirnos a los objetivos finales. Se debe dar prioridad a los problemas de liquidez y solvencia a los que se están enfrentando las entidades financieras.

Las medidas no deberían centrarse principalmente en evitar la quiebra de los bancos, sino en conseguir un sistema bancario más fuerte eliminando las partes que no funcionan como es debido. Reconozco que ésta es una tarea de enormes proporciones, dada la complejidad y el tamaño de algunas de las entidades financieras afectadas. Sin embargo, es tanto lo que está en juego que urge adoptar soluciones rápidas y radicales. Ésta es la única forma de mantener la carga del contribuyente dentro de unos límites razonables.

En mi opinión, la mejor opción sería un modelo de intervencion por el que la reestructuración de los bancos se llevaría a cabo en tres fases bien diferenciadas. El objetivo sería dar un giro a la banca con la mayor celeridad posible, preferiblemente en un plazo de meses y no de años.

En primer lugar, cuando un banco da muestras de debilidad extrema, las autoridades deben acogerlo bajo su tutela. Esto implicaría eliminar al equipo de dirección y reducir o eliminar la participación accionarial.

En segundo lugar, la dirección del banco se encargaría a un nuevo equipo que reestructuraría el negocio, separando los activos sanos de los tóxicos. Los activos nocivos pasarían a cuarentena en fondos específicos gestionados públicamente, a fin de recuperar todo el valor posible para los contribuyentes.

En tercer lugar, se volvería a privatizar el banco, ya saneado, mediante una venta transparente a empresas privadas.

Estamos viviendo una enorme reorganización del sistema bancario mundial. En el último año y medio, algunos de los bancos más importantes han desaparecido, otros se han nacionalizado, ya sea en parte o en su totalidad, y otros están en situación precaria. Sólo unas cuantas entidades tienen la solidez financiera necesaria para seguir siendo rentables en un entorno tan difícil como el actual.

Puedo afirmar con orgullo que BBVA es uno de esos bancos. En 2008, pese a la crisis financiera internacional, el grupo BBVA ha seguido generando beneficios de manera sostenida (5.400 millones de euros en 2008), a diferencia de la mayoría de nuestros competidores, que registraron fuertes caídas de beneficios e incluso pérdidas. Hemos acabado el año como el segundo banco del mundo por beneficios.

Estos resultados no son casualidad. Se han obtenido gracias al modelo empresarial que hemos construido a lo largo de varios años. Es un modelo ganador, incluso en tiempos de crisis, sustentado por fuertes cimientos.

BBVA es un grupo financiero diversificado e internacional líder, opera en 32 países, tiene más de 48.000.000 de clientes y más de 108.000 empleados (más del 70% de la plantilla está fuera de España).

Hemos construido fuertes franquicias bancarias en todo el mundo. Somos líderes en España, México y América Latina y estamos aumentando nuestra presencia en Asia. En Estados Unidos, nuestra presencia también es significativa, especialmente a través de BBVA Compass, una de las franquicias líderes de la región del Sunbelt.

Nuestra estrategia se basa en tres pilares: Principios, Personas e Innovación. Los tres son esenciales, pero quiero resaltar la importancia de los Principios. Seguramente, la lección más valiosa que podemos aprender de la crisis es que siempre debemos mantenernos fieles a nuestros principios.

En BBVA, todas nuestras acciones y decisiones se rigen por la ética, la transparencia y la prudencia. Creemos que ésta es la única manera de entablar relaciones duraderas con nuestros clientes y accionistas y de generar beneficios de manera sostenible. Al margen de la rentabilidad ajustada al riesgo, nosotros ajustamos también la rentabilidad a nuestros principios.

Estos tres pilares soportan un modelo empresarial sostenible que combina nuestro enfoque en la banca minorista y la diversificación con nuestra destreza demostrada en gestión de riesgos, capital, liquidez y costes. Gracias a ello, somos ya uno de los líderes del sector en términos de rentabilidad y eficiencia.
Ahora quisiera dedicar unos momentos a hablar de BBVA en Estados Unidos. Cualquier empresa internacional que se precie debe tener presencia en este país, la mayor economía del mundo.

Para nosotros, es un mercado prioritario y en él hemos crecido mucho y en muy poco tiempo.

Empezamos nuestra expansión en la región del Sunbelt en 2004. Desde entonces, hemos adquirido un total de 5 bancos; el último fue Compass, en 2007. A día de hoy, BBVA Compass es el resultado de integrar estos bancos bajo una única marca y adaptar el modelo bancario de BBVA a las prácticas empresariales estadounidenses. BBVA se encuentra ahora entre los 20 primeros bancos del país.

Nuestro grupo mantiene una estrategia a largo plazo en Estados Unidos. Este país nos brinda excelentes oportunidades y estoy convencido de que BBVA Compass desempeñará (ya lo está haciendo) un papel fundamental en el BBVA del futuro en beneficio de nuestros accionistas, empleados y, especialmente, nuestros clientes.

Para terminar, quiero decir que BBVA nunca aparta su visión del enfoque a largo plazo. Estamos transformando el Grupo para aportar el máximo valor en una nueva liga compuesta por un número relativamente reducido de bancos en todo el mundo, y nuestras operaciones en Estados Unidos son parte esencial de esa transformación".

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